EL JUEVES SANTO RECORRIÓ LAS CALLES DE
MADRID UN TORO DE LA GANADERÍA DE D. VICENTE MARTÍNEZ, LLAMADO CHARRO, DE PELO
RETINTO, BIEN PUESTO Y DE BUENA ESTAMPA.
Este toro rompió la jaula del camión
donde era conducido por las afueras, desde la estación del Norte a la del
mediodía perdiendo en la acometida la mitad de su armadura, y se lanzó del
carro y entró en Madrid por la calle de Segovia.
Cajón en el que subían a los toros de uno a uno a la Plaza de Alcalá del Jucar
y "a mano" por un sendero por el que no pasaba un camión.
Al llegar a la plaza de la Cruz
Verde embistió a un joven que estaba llenando una cuba de agua, causándole una
grave lesión en el vientre. El desgraciado rompió en gritos de dolor,
exclamando: -¡Socorro, socorro! -¡qué será de mis amos!
El pánico de los que corrían, el
terror de los rezagados y el asombro de todos los que presenciaron la
desgracia, les embargaba de tal manera, que nadie se atrevió a auxiliar al
infeliz.
A las voces, los guardias de la
prevención del Rollo, en la creencia de que se cometía algún crimen, salieron
en seguida, encontrándose frente a frente con el animal.
El guardia encargado de la
prevención, Viejo de Liébana, con un arrojo digno de mencionarse, intentó
disparar sobre el animal el revólver, pero no pudo conseguirlo por quedar
encerrado entre la pared y las astas del bicho; afortunadamente el guardia no
resultó más que con una leve contusión en la mano izquierda.
Momentos después, una mujer que se
vio cerca del toro, se arrojó al suelo, pasando sobre ella el bruto sin
embestirla.
El animal continuó su paseo
sembrando el terror por Puerta Cerrada y calle de Toledo, y ya en esta intentó
penetrar en el nuevo café de San Millán, en donde rompió casi por completo los
cristales de las puertas.
La confusión en este punto llegó a
ser general; las carreras aumentaron, las pocas tiendas abiertas fueron
cerradas inmediatamente, no sin que antes se vieran invadidas por los fugitivos
las rejas, los huecos de los portales y, sobre todo, la taberna número 3 de la
plaza de la Cebada, donde no quedó mesa en pie, ni silla con respaldo, ni
estante seguro, ni envases, ni bebidas, pues mientras unos asaltaban el
establecimiento llenos de pavor, otros aprovechaban el tumulto para huir sin
pagar, y trasegar sin dinero.
Sebastián Cortés y Ángel Rafael.
Detrás se ve a Fernando Franco, Jesús Segura, Paco Parra "Palomo"
El toro continuó siendo la pesadilla
de las gentes por todas las calles donde pasaba y asustando con sobrado motivo
a los transeúntes, llegó a la plaza Mayor, cruzó los portales, y entró por la
misma calle en dirección al viaducto.
Una de las personas que huían a todo
correr, tropezó con el sereno, quien tomándolo por hombre sospechoso al ver su
precipitación, le intimó con el chuzo para que no siguiera adelante.
- ¡Que viene el toro! –exclamó aquél.
- Yo le pararé, -dijo el sereno.
Y antes que se prolongara el
diálogo, el animal se presentó frente al edificio del gobierno civil; lo vio el
del chuzo, y quedó más espantado que sereno.
- ¡Sálvese Vd., gritó al caballero!
Huyendo los dos sin novedad.
Ángel Rafael, del que ya hemos hablado en este blog.
Otro caballero que se retiraba con
dos señoras, se vio a pocos pasos del toro, y no encontrando fácil la fuga,
empujó a las señoras por las gradas de la fuente de los Consejos, poniéndose a
cubierto de una embestida probable.
Esquina a la calle del Factor fue
atropellado un transeúnte sin sufrir lesión ni herida.
SEBASTIÁN CORTÉS
No falta mucho para que haya una entrada dedicada a él.
El bicho con el pitón derecho roto,
siguió por la misma calle y entró en el viaducto.
Algunas personas huyeron, y un
hombre que se vio casi en las astas de la fiera, encaramóse a la barandilla y
con el doble terror del abismo y del animal, pasó horribles angustias durante
algunos momentos.
Continuó el toro pasando y repasando
el viaducto y emprendió después su camino por la misma calle Mayor, Hileras,
Arenal, plazas de Isabel II y de Oriente hasta la de Bailén, siendo causa del
pánico de medio Madrid.
Cerca del ministerio de Marina, un
portero de aquel departamento, llamado Francisco Fraqué, tomó una carabina, y
apuntando al animal, logró matarle al segundo balazo. Los guardias de orden
público llegaron a tiempo de rematar a la fiera, que aún tendida y espiante
infundía recelos.
Las personas víctimas de la
ferocidad del toro son las siguientes: José Vega, en la calle de Segovia; Juan Grande, en la de
la Morería; Pedro Jorge, en la de los Mancebos; Alejo Merino, en Puerta de
Moros, y Paula Gómez y Pascual Álvarez en la calle de Toledo.
SEBASTIÁN CORTES CON SUS TRIUNFOS
Detrás podemos ver a Antonio Mármol Collado y a Domingo Tormo de banderilleros.
Pies de las imágenes por Jose Vicente Temes Lorenzo