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viernes, 7 de noviembre de 2014

SEDAS AZULES Y ALAMARES DE ROJO, EN LAS GALAS TORERAS DE MANUEL MORALES

Si recordáis, hace dos semanas dejamos un carrete a medias, pero el inesperado hecho del fallecimiento de José María Manzanares, hicieron que este se aplazara. Por lo que vamos con esta segunda parte, que como sabéis, está dedicado al tercer festejo de la Feria de Munera de 1968. Una novillada con picadores para Eusebio de la Cruz, Julián García y Manuel Morales que debutaba con picadores. A los dos primeros de la terna, los vimos en la publicación anterior (FERIA TAURINA DE MUNERA, DE BUEN AMBIENTE Y MEJOR SOLERA), así pues, vamos a ver al tercero de la tarde y a contar algo. ¿Os parece…?

En este año, Fornés tenía la intención de comenzar la temporada con un festejo el 23 de mayo, con motivo de la inauguración de unas reformas cometidas en la Plaza de Toros, pero este hubo de ser suspendido a causa del mal tiempo, por lo que se aplazó para el día 13 de junio, manteniéndose el cartel, que estaba compuesto por Eusebio de la Cruz y Juan Antonio Navarro “El Andujano”, que lidiarían cuatro reses de Luis Frías. Para esta novillada estaba anunciado como sobresaliente Dámaso González, aunque en los carteles, por error, se imprimió Dámaso Gómez, un torero madrileño que tomó la alternativa unos quince años antes. Para el albaceteño, esta era la primera ocasión en la que se vestía de luces en la Plaza munerense. 

Las mejoras que se llevaron a cabo estaban destinadas al embellecimiento y adecuación de servicios. Derribar los palcos y construir de otros mejores y más vistosos así como adecuar los corrales para facilitar la exhibición de las reses antes de los festejos.
Arriba: Manuel Morales, Eusebio de la Cruz, Pedro Fornés y Julián García
Abajo: Manuel Morales preparado para iniciar su primer paseillo como novillero con picadores.
Pero hoy nos vamos al 24 de septiembre de 1968 con Manuel Morales, a ver sus fotos, y a leer lo que el prolífico “Reverte” nos contó, con elegante forma, en su columna de La Voz de Albacete.


Sedas azules y alamares de rojo, en las galas toreras de Manuel Morales en su jornada más importante del paso al escalafón superior de la novillería. Por primera vez escoltan a sus hombres en el paseíllo, los caballeros de la pica; en su debut con picadores. Y el trance, de gran responsabilidad, lo supera bajo el signo del éxito. 





Porque si en la brega por las plazas pequeñas, en las becerradas, unas se dan bien y otras no; cuando sale el toro con más trapío, con el aplomo de la sangría de las varas, la lidia llega más templada, en cuanto la bravura ayuda.




Así ocurre con Manuel Morales en la tarde de su presentación con picadores, que se revela como un artista de la muleta, que descubre las calidades estéticas de su toreo de buen son y con personalidad, cuando el toro va y viene a la muleta, pidiendo a cambio, tan solo que el joven diestro se quede quieto y aguante. Y aguanta Manuel Morales, se queda quieto y torea como de salón, con mucho temple, con estilo calando en el público, llegando arriba, arrancando un coro de olés que se quiebra en ovación a cada tanda de naturales.


Redondos, manoletinas, pases por alto y media buena después de un pinchazo. Las dos orejas, con vuelta y saludos. En el sexto todavía se supera, y merecen un sobresaliente –como en su primero- las dobladuras por bajo, mandando. Hasta tres series de naturales, después, con incursiones por el lado derecho, que presenta dificultades. De pitón a rabo, y dos pinchazos con media estocada. La faena ha gustado tanto que el público la premia con los galardones máximos, con dos orejas y el rabo, sacándole a hombros triunfalmente. Buen debut y buenas perspectivas, sise mantiene en esa tónica Manuel Morales.

Su primera faena la brindó al empresario de la plaza, don Pedro Fornés; la segunda a nuestro director, don Antonio Andújar.



Los novillos de don Francisco Gómez Jiménez, de Salamanca, oriundos de la marquesa de Deleitosa, tuvieron una pareja y bonita presentación. Y, como queda dicho, pelearon bravamente.

La novillada pasó en un suspiro. Cuando todo va bien, como ayer en Munera, el espectáculo se abrevia, con lo que ya gana mucho. Otra feria más de Munera; esa feria taurina de buen ambiente y mejor solera.
Reverte

viernes, 24 de octubre de 2014

FERIA TAURINA DE MUNERA, DE BUEN AMBIENTE Y MEJOR SOLERA

Como reza el titular de hoy, describe el cronista albaceteño Demetrio Gutiérrez Alarcón el termino de su columna, la feria de Munera:
  • La novillada pasó en un suspiro. Cuando todo va bien, como ayer en Munera, el espectáculo se abrevia, con lo que ya gana mucho.
En nuestro habitual viaje al pasado junto con las fotos de mi padre, hoy nos trasladamos de nuevo hasta esta localidad albaceteña, que con algo más de 3.700 habitantes y gran tradición taurina. No en vano, cuenta con una Plaza de Toros con más de 100 años de antigüedad. Construida en 1913 por el vecino Don José Antonio Fornés y costeando los gastos en su totalidad, realizó una original Plaza para aquellos tiempos, al ser cuadrada por fuera y redonda por dentro. Todo el mundo aportó su granito de arena, pues incluso el propio AROJA sería el encargado de la impresión de las entradas para la corrida de inauguración, desde su México de adopción. (http://www.munera.es)

Siendo las de hoy de la ya nombrada localidad de Munera, no puedo dejar de repasar el libro que amablemente me regaló Graciano Jiménez Moreno, Historia Taurina de Munera, y en el que como no podía ser de otra manera, he encontrado todo tipo de detalles sobre la novillada con picadores que vamos a ver. Al tener tanta información sobre este carrete, que por cierto está completo a pesar de solo estar las fotos de los tres primeros novillos, y para no hacerme demasiado extenso, os lo mostraré dos veces.

Manuel Morales, Eusebio de la Cruz, Pedro Fornés y Julián García.

El festejo del día 23 de septiembre de 1968, comenta Graciano en su libro, presentaba una curiosa novedad. Aunque en esta Plaza ya habían tenido lugar las primeras novilladas con picadores en la feria de 1920, esta era la primera vez que se celebraba aquí, un festejo de esta categoría. Seis novillos y tres matadores, Eusebio de la Cruz, Julián García y Manuel Morales. Todos ellos cortaron trofeos, pero fue el último, que hacía su presentación con picadores, quien tuvo el triunfo mayor, al serle otorgadas cuatro orejas y un rabo.

Eusebio de la Cruz, Julián García y Manuel Morales.


El Crítico taurino Enrique Moratalla junto a Manuel Morales.

Manuel Morales, preparado para el paseillo de su paso al escalafón superior.


EUSEBIO DE LA CRUZ
Pondría mucho empeño Eusebio de la Cruz para complacer al publico que acudió al coso.


Con el capote gana los aplausos primeros de cada una de sus faenas; por verónicas en el que abre plaza; con una larga afarolada de rodillas el cuarto. Y emoción cuando echa las rodillas al suelo y ejecuta hasta seis muletazos por alto que llevan la angustia a los tendidos.



Se la juega Eusebio, que luego interpreta admirablemente el natural, el pase en redondo, el de pecho, y mata superiormente de media estocada.

 Se le otorgan las dos orejas por unanimidad, y hay vuelta a la redonda entre parabienes.


El cuarto llegó crudo a la muleta. Le faltó puyazo, y el torito pasó con fuerza y con genio, volviéndose rápido, incómodo, impertinente, sin dejarse burlar.

Valiente, con ganas, faena variada, poniendo en juego todos sus recursos aprovechando todas las posibilidades. El estoque le hace una mala pasada, pues antes de la estocada pincha tres veces, y luego tiene que descabellar.

La oreja que se lleva, ante unas discrepancias, la rehúsa, y da la vuelta al ruedo siendo ovacionado.

JULIÁN GARCÍA
Con el segundo de la tarde, pone un matiz de originalidad, que tiene el regusto antiguo, cuando instrumenta dos muletazos sentado en una silla.


El novillo va mejor por el lado izquierdo, y le avisa en un derechazo. Naturales, por tanto; con empaque y valor, corriendo la mano, para cerrar con el de pecho. Los olés continúan cuando termina las tandas con la zurda y echa la muleta arriba en giraldillas. Pinchazo, estocada y descabello. Las dos orejas para Julián García, justo premio a su labor. 


Al quinto le colocaron dos varas magníficas; el público, que siente una aversión innata por los varilargueros, no tuvo inconveniente en aplaudir la suerte.

 Todavía le falta un picotazo, por lo menos, y la consecuencia es que el astado no deja reposar, con su ímpetu fogoso.


La faena es eficaz, y rápida la muerte, con la estocada arriba. Vuelta al ruedo.

Este fue el resultado de los dos primeros novilleros, según la crónica del periodista Demetrio Gutiérrez Alarcón, que en esta ocasión no utilizó el seudónimo de Reverte, y que se publicara en el diario La Voz de Albacete, y cuyo texto he recopilado del libro de Graciano Jiménez, Historia Taurina de Munera.

Dejamos para la semana que viene, las fotos del debut con caballos del tercer novillero, Manuel Morales, así como su crónica.